Manuel Álvarez Bravo y el cine

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Todos reconocemos a Manuel Álvarez Bravo como uno de los fundadores de la fotografía moderna en el mundo, pero otra arista muy importante de su carrera es su incursión en la cinematografía.

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Su primera participación en el cine fue en la cinta ¡Que viva México! (Eiseistein, 1930). Además de participar en rodajes con personalidades como John Ford y Luis Buñuel, fue realizador de largometrajes como Tehuantepec y cortometrajes como Los tigres de CoyoacánLa vida cotidiana de los perros, ¿Cuánta será la oscuridad?”, El petróleo nacional, El obreroEl abonero.

En sus filmes dejaba ver su intención de presentar algo nuevo al espectador; hacer que mirara con nuevos ojos las cosas cotidianas y que construyera así un significado propio.

Álvarez Bravo formaba parte del comité ejecutivo del Cine Club Mexicano y él, junto a los demás miembros del comité, celebraron la llegada del cineasta soviético Sergei Eisestein a México, personaje que resultó influir bastante en la organización. Lo apoyaron y asesoraron en su proyecto de hacer una película que tendría como tema la historia, etnografía, costumbres, arte, paisaje, flora y fauna del país. Aunque el proyecto resultó frustrado, en algún momento recibió el nombre de ¡Que viva México!

Después de que el proyecto fracasara, Eiseistein, Tissé y Alexandrov partieron del país, pero la historia cinematográfica de Álvarez Bravo no había terminado, pues con el dinero que había ganado en un concurso de la cementera Tolteca, Bravo adquirió la cámara con la que habían estado filmando el proyecto. Como muestra de su apoyo al cine, el músico Carlos Chávez le regaló la dotación de película virgen necesaria para que incursionara en el cine.

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Tiempo después, en uno de sus viajes a Tehuantepec, Álvarez Bravo inició una serie de experimentos fílmicos donde pretendía mostrar la vida como sus ojos la veían, plasmar en esas cintas la fascinación que sentía al ver los detalles del lugar, los movimientos, huelgas y disparos que había presenciado.

A su regreso a la capital, el fotógrafo, y ahora cineasta, mexicano comenzó a editar lo que había grabado en Tehuantepec, para formar una película de cortometraje que finalmente tituló Disparos en el Istmo.

Al parecer, en algunas ocasiones fue ayudante del camarógrafo Eduard Tissé, lo que le permitió iniciarse en la realización cinematográfica. Álvarez Bravo sentía cierta admiración por el cineasta soviético, lo que se percibe en una fotografía que le tomara al autor de Octubre al interior de su casa de Tacubaya.

Álvarez Bravo concluyó sus intentos de hacer cine para dedicarse de lleno a sus labores de fotógrafo y promotor artístico.

A partir de 1943, trabajó por diez años como fotógrafo de fijas de la Sección de Técnicos y Manuales del Sindicato de la Producción Cinematográfica en México. Por estos años, enseña fotografía en la Escuela Nacional de San Carlos, en el Instituto de Cinematografía del STPC y en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos.

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