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Ana Mendieta, la artista no blanca

Por Atziri Servin Pichardo.

Mi arte se basa en la creencia de una energía universal
que corre a través de todas las cosas.

Mujer y violencia en ocasiones parecen ir de la mano; según cifras del INEGI, en México entre 2000 y 2009 fueron asesinadas 12,636 mujeres. Este hecho es motivo de alarma no sólo en nuestro país, es un problema de dimensiones mundiales. Para combatirlo hay que trabajar de manera activa; hay quienes realizan marchas, fundan organizaciones, crean institutos, o hay quienes abordan estos lamentables acontecimientos de manera artística; tal fue el caso de Ana Mendieta (La Habana, 1948 – Nueva York, 1985).

Enviada a Iowa junto con su hermana cuando apenas eran unas niñas, tuvo una vida marcada por el racismo; fue llamada negra, puta y recibió mensajes anónimos con la leyenda: “Vuelve a Cuba”. Estos hechos marcaron su vida y su posterior carrera artística, y ocasionaron que ella se calificara a sí misma como una artista y mujer de color, o como una artista no blanca.

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Mendieta estudió en la Universidad de Iowa, donde se graduó de pintura en 1972. Sus ideas creativas y los planes de estudio en multimedia ocasionaron que perdiera el interés por el nuevo arte representativo, por ello sus primeras obras (1972-1975) tuvieron un enfoque feminista, de provocación y preocupación por la mujer, la violencia y la defensa de nuevas estructuras sociales. Su noción de ser mujer y su necesidad de expresarse y defender a quienes ocupan los márgenes de la sociedad son características de sus obras.

Durante un primer viaje que realizó a México, quedó maravillada por este país, al que le debió sus años formativos y el gran amor que desarrolló por ésta, su tercera patria. Según ella no era ni cubana ni estadunidense, pero pudo encontrar en México un espacio donde realizar su arte.

Podemos pensar su obra desde tres líneas conceptuales: la relación entre la naturaleza y la humanidad, la espiritualidad y el feminismo. La primera de ellas la desarrolló afiliándose al earth art muy a su manera; ella pensaba que el ser humano debía acercarse a la tierra e integrarse al medio natural no para violentarlo, sino procurando fusionarse, por ello crea piezas en las que casi camufla su cuerpo (como en Silueta Series), de modo que podemos aventurarnos a pensar que incluso asocia la imagen de la naturaleza a lo femenino.

Trabajó el tema de la espiritualidad de manera poco convencional: sentía gran fascinación por la sangre, a la que consideraba algo mágico y poderoso que simbolizaba los rituales mágicos de antiguas civilizaciones.

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Por último, una de las vertientes más sobresalientes de su obra fue la feminista, que trabajaba con una mentalidad muy abierta, incluso para su época. Relacionó la espiritualidad y la naturaleza con lo femenino, inspirándose en ella misma para reflejar su experiencia de exilió y femineidad. Dentro de esta temática abordó también el maltrato a la mujer, por medio de una de sus obras más conocidas, en la que aparece ella misma simulando ser violada.

Mendieta aportó al arte performances, body art, videos, fotografías, dibujos, instalaciones y esculturas, todas con un toque muy personal. Ella y su arte formaban una sola obra, que buscaba compensar la ruptura que padeció de pequeña. Describió su obra como un retorno a lo materno: incorporarse a lo natural, fundirse con él en un acto místico, regresar a lo primario.

El final de la vida de Ana Mendieta fue muy trágico; una mujer que se esforzó tanto por mostrar la vida natural, el poder de retomar el origen, de visibilizar la condición de la mujer, falleció justo a manos de la violencia; luego de una discusión con su pareja Carl Andre cayó del piso 34 de su apartamento en Soho, Nueva York; él asegura (como único testigo) que ella se lanzó, una persona en la calle oyó a una mujer gritar: “No, no, no, no” y el golpe seco de Mendieta contra un tejado.

Por su compromiso activo con la unión, su arte es “una colaboración entre la artista y la naturaleza”, como ha observado Judith Wilson: Ana intervenía sobre el medio y éste iba transformando después sus intervenciones. Una simbiosis casi mística entre mujer y paisaje.

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INTERNARTE

– El earth art es una tendencia que proclama la materia natural desplazándola de su contexto de origen para jerarquizarla en otro diverso o introduciendo cambios sugerentes en el propio medio natural, casi siempre en gran escala. Es la tierra puesta en función de la voluntad del ser humano.

– Las piezas que integran Silueta Series fueron realizadas en México y Iowa, porque nuestro país suponía una ubicación perfecta para sus performances. En esta serie utilizó una silueta como representación de la presencia de su cuerpo, ausente la mayoría de las veces. Este proyecto es un intento por mostrarnos su deseo de representar la fuerza eterna femenina y una necesidad de regresar al útero materno, en sus propias palabras: una “sed de ser”.

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