Steve McCurry, a través de una mirada

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Por Manuel Mendes.

Visualizar la vida, a través de las ventanas,
Deslizar las almas sobre muros,
Dejar caer los nombres por las paredes frias y mestizas,
Por los largos callejones de la vida, andar desnudos,
Desdibujar las nostalgias de los ojos, al recorrer
Las largas paredes, que una vez el tiempo y los huesos
Construyeron por los viejos caminos…

Gice Silva Rodríguez

A través de un retrato, la gente puede conocer a un extraño o guardar en su memoria la imagen de un ser querido. La fotografia funge como un lazo que une a la emoción con la razón. Uno puede quedar atrapado por la mirada de una persona y establecer un vínculo de afecto y empatía, no sólo con la persona retratada, sino con uno mismo. Este vínculo nos revela historias y emociones que causan admiración.

Steve McCurry, fotógrafo estadounidense, forjó gracias a una fotografía la historia en torno a Sharbat Gula “la chica afgana de ojos verdes”; es más familiar la descripción que el nombre real poco conocido. Esta fotografía ha sido vista por millones de personas en el mundo. Fue tomada en 1984 para la revista National Geographic. McCurry asevera que “Empezar a trabajar para National Geographic fue crucial. En aquella revista me daban tiempo para desarrollar una historia, para ahondar en un tema, en lugar de simplemente reaccionar a un suceso y captar una situación en un plazo límite“. Fotografiar se convirtió en su vida, en su modo de describir lo visto a través de sus ojos.

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Retrato de niña afgana, portada de National Geographic en 1984.

Aquella “chica afgana de ojos verdes” no sólo dejó su belleza imborrable; dejó magia y misterio en la imagen del rostro envuelto en un chal rojo, develándonos en su mirada el miedo y el dolor no sólo de su vida, sino de una nación atribulada. McCurry encontró a la muchacha en el campamento de refugiados de Nasir Bagh, cerca de Peshawar, en Pakistán, junto a la frontera con Afganistán. McCurry ‘tropezó’ con la chica afgana cuando se alejaba de una situación comprometida, según cuenta el propio McCurry. El articulista al que acompañaba discutía con el personal administrativo del campamento de refugiados y McCurry no quería inmiscuirse en la discusión. “Lo bueno sucede cuando uno se desvía del camino marcado. Cuando uno pasa con la cámara, las imágenes son casi instantáneas… No da tiempo a pensar demasiado; de lo contrario, el momento se esfuma.” MacCurry recuerda claramente la primera vez que vio a esa niña. Había una pequeña tienda de campaña que se usaba para dar clases a las niñas de aquel campamento. McCurry sintió curiosidad y entró en ella. “Vi a una chiquilla en un rincón, y recuerdo su mirada, esa mirada angustiada. Tenía unos ojos fascinantes.” Fue una de las tres niñas que fotografió, inmortalizando un momento único. La niña de 12 años, junto con otros miembros de su tribu, había realizado un viaje de dos semanas por las montañas hasta llegar al campamento. Esta fotografia es, sin duda, el estandarte de la obra de McCurry; da testimonio de los sentimientos y necesidades de las tribus que llegaron ahí con una historia de vida muy particular a sus espaldas.

Durante los últimos 30 años, McCurry ha recorrido gran parte del mundo, pero su trabajo se ha enfocado en varios países asiáticos, fotografiando momentos cruciales de varios países como Afganistán, Líbano, Camboya, India y el Tíbet. Su obra entrega un testimonio de tierras remotas y peligrosas, maravillosas y aterradoras. Sus fotografías plagadas de colores vivos dan luz y realce a aquellos escenarios donde la desesperanza es el pan de cada día.

Sabedor de que cada persona desempeña un papel diferente en esta vida, McCurry siente curiosidad y empatía por el ser humano. La preocupación por la vida de este planeta y la humanidad son su guía para profundizar en aquellas culturas tan lejanas de Occidente. El quehacer cotidiano de aquellas tierras, nos hace recordar que aunque comemos comidas diferentes, habitamos en casas distintas, tenemos lenguas diversas, somos parte de la misma humanidad que ríe, llora, sufre, sueña, respira, transpira, anhela y vive.

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“Right as Rain” de Steve McCurry.

Internarte:

Tras una búsqueda exhaustiva de 17 años, McCurry encontró de nuevo a la “chica afgana de ojos verdes”. Tenía entonces cerca de 30 años, había dado a luz a cuatro hijos, aunque uno murió al nacer. Poco después de aquel encuentro en Pakistán, siendo adolescente, se casó y regreso a su país. Hasta entonces el único dato que se tenía de ella era su edad, que fue lo único que le pregunto McCurry cuando la fotografió. En testimonio de ella acerca del primer encuentro con el fotógrafo, recuerda su enfado. Aquel hombre era un desconocido. Nunca la habían fotografiado y nunca mas nadie lo hizo hasta aquel reencuentro. Su marido accedió a que Sharbat Gula se quitara la burka y fuese fotografiada de nuevo por McCurry. Así apareció otra vez en la portada de National Geographic en abril de 2002.

Aquel retrato de McCurry fue inmortalizado con la película Kodachrome de Kodak. Película que durante 75 años marcó por su grano fino, colores saturados y contrastes importantes, a varias generaciones de fotógrafos, tanto aficionados como profesionales. En junio de 2010 Kodak anunció que dejaba de comerciar el icónico producto. A manera de homenaje se otorgó el último rollo a Steve McCurry. Las 36 fotografías que tomó con este carrete fueron llevadas a Nueva York, al George Eastman House International Museum of Photography and Film.

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Retrato de bebé tibetano por Steve McCurry.

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