Desfiguración conceptual

Fahrenheit, 451

Esta es la Tierra. No el eterno hogar de la Humanidad,
sino el punto de partida de una infinita aventura.

ISAAC ASIMOV

Por Nancy Guadarrama Leal.

Existe una polémica para definir lo que es la ciencia ficción. Se sabe que es un género literario, pero cuesta trabajo explicar con precisión qué características hacen que lo sea. Algunos teóricos opinan que cualquier relato ubicado en un tiempo futuro que narre acontecimientos relacionados con el desarrollo de la tecnología es ciencia ficción, pero esto no es del todo cierto. Philip K. Dick habla de una “desfiguración conceptual de la realidad” para definir a la ciencia ficción; en efecto, los textos que pertenecen a este género literario tienen en común el narrar acontecimientos y elementos tomados de la realidad, pero transformados. Una especie de sueño en el cual uno abstrae rasgos de lo que ve y vive y lo desfigura para obtener un resultado diferente.

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Mucho del contenido de los textos de ciencia ficción tiene qué ver con la imaginación. Es decir, en el proceso de transformar la realidad. Los autores añaden elementos significativos de irrealidad total. Si lo común es que los bomberos apaguen incendios, ¿por qué no contar una historia en donde ellos mismos los provoquen para quemar libros como sucede en Fahrenheit 451?

Como resultado se obtiene un texto ficticio, inspirado en la realidad y desfigurado conceptualmente, con un toque de imposibilidad evidente que, a su vez, es disfrazado por elementos tomados de la realidad que lo vuelven, en algún grado, probable; aunque parezca irónico: imposible, pero probable.

Durante la primera mitad del siglo XX hubo un boom de la literatura de ciencia ficción, mucho tuvieron qué ver los avances tecnológicos de la época: las máquinas, los viajes espaciales y las teorías lingüistas, que ofrecieron posibilidades cercanas al delirio. Así, autores como Isaac Asimov, H. G. Wells, Arthur C. Clarke, Ray Bradbury, Philip K. Dick, entre muchos otros, crearon novelas que, aún en la actualidad, siguen atrapando a más de uno, tales como El fin de la eternidad, El hombre bicentenario, Los primeros hombres en la luna, La guerra de los mundos, Una odisea espacial, Fahrenheit 451, Crónicas marcianas, etcétera.

Fahrenheit, 451

A pesar de lo popular que se volvió este género durante el siglo XX, es verdad que existieron autores como Julio Verne, Mary Shelley o Edgar Allan Poe que proponen textos interesantes si se analizan desde el punto de vista de la ciencia ficción. Es aquí cuando surge el debate de cómo analizar a tal o cuál autor.

Es cierto también que entre el género de la ciencia ficción y el fantástico hay una frontera delgada, aunque en la actualidad se ubica con mayor facilidad al primero con temas que tengan qué ver con el futuro, las aventuras o los viajes dentro o fuera de la tierra. En ese sentido, La vuelta al mundo en ochenta días o Viaje al centro de la tierra de Julio Verne son libros más cercanos a la ciencia ficción que Frankenstain de Mary Shelley, el cual se acerca más al género fantástico. Finalmente, el que decide es el lector; después de todo, imaginar realidades alternas se vuelve intrigante, y la intriga siempre se torna interesante.

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