Lou Blanc y sus diálogos corpóreos.

De manera contrastante, la controversial serie “Corps”, del fotógrafo francés Lou Blanc, profundiza en la expresión corporal trabajada desde el autorretrato, convirtiéndola en un lenguaje extremo y surrealista que regresa el cuerpo humano a sus primeros bosquejos; el estudio de sus partes y la justa configuración de elementos, de manera que sus fotografías se contraponen a nuestros conceptos de lo natural, normal y sano.





Y sin ninguna razón, empiezo saltando como un niño.
Y sin ninguna razón, me sale una pieza que se eleva a lo alto
besando la boca del sol.

LOU BLANC


Los seres humanos estamos acostumbramos a crear impresiones de profundidad, en la fotografía utilizamos el volumen, la perspectiva y el movimiento de paralaje para atraer la mirada del observador y adentrarlo en la escena. Hablando del cuerpo humano, los autores centran su interés en patrones estéticos que van cambiando de acuerdo con la época. Nada tiene que ver con los límites de la técnica fotográfica; la idea es comunicar una visión particular del cuerpo, con el riesgo de que la que la naturalidad del modelo se pierda.



Ya en las manifestaciones pictóricas, el cuerpo se ha representado de muy distintas maneras; desde los significativos perfiles egipcios, la rigidez y solemnidad flamenca, las generosas curvas renacentistas, las curvas contrapuestas en el alto Renacimiento y en el Barroco, el recato tradicional en el Neoclásico, hasta el Cubismo y la abstracción. Todas estas representaciones eran acompañas por una filosofía creativa que evolucionaba.

De manera similar a su antecesora la pintura, es muy común que la fotografía plantee propuestas interpretativas del cuerpo humano; sin embargo, muchas de ellas reiteran un ideal de lo que debe ser lo corpóreo, con lo que contribuyen a la creación de un modelo ideal único y generalizable.






De manera contrastante, la controversial serie “Corps”, del fotógrafo francés Lou Blanc, profundiza en la expresión corporal trabajada desde el autorretrato, convirtiéndola en un lenguaje extremo y surrealista que regresa el cuerpo humano a sus primeros bosquejos; el estudio de sus partes y la justa configuración de elementos, de manera que sus fotografías se contraponen a nuestros conceptos de lo natural, normal y sano.

La idea nace del encuentro del fotógrafo con la reflexión de lo posible y a la sorpresa; es un dialogo sin palabras con su cuerpo, como en las viejas realizaciones pictóricas. El fotógrafo contorsionista se empeña en trabajar medio día, o en ocasiones hasta dos días, y se obliga a tensar y agotar sus miembros frente a la mirada de la cámara, buscando. En una entrevista Lou Blanc lo llamó una “tensión alegre” que aliviaba su espíritu cuando conseguía una imagen satisfactoria y también aseguró que después venía una sensación de vacío.


         

Por Mauricio Angeles.

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