Encuadre Fotográfico y Leyes de Oro

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Por Mauricio Angeles.

El encuadre es algo tan sencillo como elegir una porción de realidad para fotografiarla y, sin embargo, en él reside la mayor parte de creatividad de un fotógrafo. Conseguir encuadres sorprendentes, originales y llamativos comienza por educar la mirada para que las imágenes sean innovadoras.

Algunos artistas consideran que tener un “ojo creativo” es un talento natural. Otros creen que esto va surgiendo gradualmente a lo largo del tiempo. Lo cierto es que con un poco de disciplina y esfuerzo se puede desarrollar plenamente.

Cuando compramos una cámara fotográfica, lo primero que tomamos son series de imágenes evidentes (fotografías tomadas por el sentido común y que son similares a las de otros autores), hasta que éstas nos van aburriendo. Cuando se supera esta etapa, antes de disparar comenzamos a observar nuestro entorno durante más tiempo, trabajamos más los aspectos técnicos, prestamos más atención al encuadre, sopesamos distintas posibilidades dentro de un mismo tema y finalmente conseguimos una imagen personal y mucho más expresiva.

Otro aspecto que tenemos que cambiar en esta etapa, es definir minuciosamente el elemento esencial en cada toma, es decir, ¿qué queremos trasmitir?, esto dependerá en gran medida del tema, pero también de las ideas preconcebidas que arrastremos a la fotografía. Si nos desprendemos de tales ideas, conseguiremos una interpretación más creativa y personal de lo que percibimos.

Es importante repetir que no existen reglas rígidas y mucho menos con respecto a dónde deben colocarse los objetos dentro del encuadre, no obstante, es importante que el fotógrafo conozca algunos recursos cuya eficacia está demostrada y que pueden ser de utilidad para resaltar el motivo o transmitir distintas sensaciones.

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En las culturas occidentales, derivado de los sistemas de escritura, las personas acostumbramos a mirar de arriba a abajo y de izquierda a derecha (en las culturas árabes y orientales dependerá igualmente de su sistema de escritura). Además, la mirada no se mueve normalmente de forma uniforme sino que se suele detener en ciertos puntos equiespaciados al mismo tiempo que avanza en el recorrido que esté siguiendo. En estos puntos es donde se concentra por defecto el interés del espectador y es donde debemos colocar el motivo que deseemos resaltar en nuestras fotografías. De esta forma nace la llamada regla de los tercios, que nos indica que si dividimos la imagen a partes iguales por dos líneas horizontales y dos verticales, los cuatro puntos de intersección de dichas líneas son los que mayor atención recibirán del espectador (y en el orden antes indicado).

Debido a esto podrá deducirse igualmente que el motivo no debe ir centrado en el encuadre sino que es preferible desplazarlo ligeramente a la izquierda ya que así se obtienen imágenes menos simplistas, más atractivas y que ayudan al ojo a recorrer los puntos de atención.

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Ley de tercios.

Por otro lado el fotógrafo debe tener presentes las líneas dominantes de la composición que está realizando y utilizarlas para dirigir la atención del espectador, no desviarla. Se puede hallar una línea casi en cualquier cosa. Una de las normas más populares de la composición se basa en la repetición de las líneas y objetos, especialmente cuando el tema es una estructura. Las líneas pueden ser, horizontales, verticales, curvas u oblicuas. Las diagonales y líneas en “S” son mucho más interesante que las líneas paralelas, se utilizan para imprimir un cierto movimiento a las fotos.

El caso más básico de línea dominante es la de horizonte. La línea de horizonte actúa de referente para el espectador y es conveniente colocarla recta (no inclinada) y no en el centro vertical de la imagen sino a dos tercios (por arriba o por abajo) ya que si se coloca la línea del horizonte al centro se obtendrá una imagen descriptiva, inexpresiva; mientras que al bajarla o subirla estamos primando el cielo, el mar o la tierra como fondo (o incluso motivo) de la imagen.

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Ley de horizonte.

Otro caso típico son las líneas diagonales que a menudo se forman en las fotografías: pe. una barandilla de un paseo, una acera, un camino… todos estos elementos forman líneas dominantes en la fotografía y pueden, por tanto, ser usados para conducir la atención. Un recurso habitual es colocar estas líneas en las diagonales de la fotografía haciéndolas coincidir con una o más esquinas de la misma: así el ojo recorrerá esas líneas desde las esquinas a los centros de interés ayudando a dirigir hacia ellos la atención del espectador.

Al cortar las líneas dominantes con uno de los lados de la fotografía ésta parece interrumpirse bruscamente, mientras que al llevar una línea a una esquina da la sensación de continuidad.

Finalmente, es importante resaltar dos casos especiales de líneas dominantes: la mirada y el movimiento.

La mirada de un ser humano traza una línea dominante imaginaria en la foto de gran fuerza expresiva que debe ser respetada y resaltada por el fotógrafo. Cuando la persona retratada está mirando hacia algo debe abrirse el encuadre situando a la persona a un lado y dejando un espacio libre delante de ella para ser ocupado por su mirada.
Una persona u objeto en movimiento también describe una línea dominante imaginaria que es su trayectoria y que también puede tener gran fuerza expresiva. Cuando el motivo esté entrando en la escena es conveniente abrir el encuadre nuevamente y dejarle un espacio libre delante para que sea ocupado por su trayectoria y resaltar el efecto de movimiento.

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Ley de mirada.

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