Caricia y nostalgia de la luz, Evgen Bavcar

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Por Atziri Servin Pichardo.

Tengo los ojos en el extremo de los dedos.

Es una suerte contar con un cuerpo sano y funcional, capaz de sentir, oler, escuchar, mirar. Damos por hecho la naturalidad de nuestros sentidos, es hasta que algo nos falla, cuando enfermamos o nos lesionamos, que volvemos a darles su valor. No sé si ustedes han imaginado o experimentado la ausencia de alguna parte de su cuerpo. Andar en un pie o caminar sin ver para quien cuenta con sus cinco sentidos es sólo un juego. Cuando pensamos en aquellas personas que han perdido algún miembro o se han quedado sin algún sentido suponemos de inmediato que es una tragedia, pero ¿se han puesto a pensar en todos aquellos genios que, aún con estas dificultades, lograron hacer cosas impresionantes?

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Tomemos esta pregunta como punto de partida para hablar de Evgen Bavcar, un fotógrafo esloveno naturalizado francés que, tras perder completamente la vista a los doce años (primero perdió el ojo izquierdo por culpa de una rama y el derecho por una mina abandonada), tuvo su primer acercamiento a la fotografía. Esto ocurrió cuando él tenía 16 años y retrató a una chica de la que estaba enamorado; dicho acto representó para él una manera de apropiarse de algo que no le pertenecía: la imagen del otro.

Bavcar estudió filosofía e historia en la Universidad de Liubliana y fue el primer profesor invidente en la historia de Eslovenia. En 1972 viajó a París para estudiar en la Sorbona e ingresó como investigador en el CNRS (Centre Nationale de la Recherche Scientifique). Para estudiar filosofía del arte necesitó la ayuda de lazarillos que le describían las obras con la intención de provocarle un sentimiento indirecto.

Hasta la edad de 30 años, Bavcar se desenvolvió como fotógrafo amateur; tomaba fotografías de sus amigos y luego se las obsequiaba. En aquellos años puso un aviso en la revista Paris-Match: “Fotógrafo ciego busca modelos”, no recibió respuesta.

Sus fotografías en blanco y negro se agrupan en tres series temáticas: Vista táctil, Caricias de la luz y Nostalgia de la luz. Bavcar afirma que su fotografía nace en la penumbra, que su hoja no es blanca sino negra, como una cámara oscura. Sus trabajos muestran imágenes de larga exposición: deja abierto el obturador mientras se acerca y recorre los objetos con una linterna o incluso con una vela, guiándose con su tacto y con la ayuda de un asistente, por lo que sus manos suelen aparecen en muchas de las fotografías. El resultado de sus imágenes es una escritura con luz.

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En su afán de reunir lo visible con lo invisible, Bavcar nos presenta imágenes con un estilo completamente surrealista. El autor se queja de que la cámara fotográfica no fue concebida para los ciegos, como tampoco fue diseñada para los zurdos y afirma: “podría dar consejos útiles a los fabricantes de cámaras, en especial para la concepción de herramientas destinadas a los ciegos y a los débiles visuales”.

Ligando esta idea de que la fotografía no es para ciegos, éste artista nos ayuda a pensar cómo hace un ciego para aprender cuando se encuentra sumergido en la oscuridad, cómo podría describir lo que se desconocemos de su percepción, para él muchas de estas interrogantes son consecuencia de los prejuicios acerca de los ciegos; si las personas quedan perplejas es porque interviene su propia relación con la ceguera.

Cuando vemos las obras de Bavcar, con esos encuadres perfectos, es difícil imaginar que su autor es completamente ciego. Él ha respondió que encuadra bien porque así lo pide la gente, si dependiera de él no se esmeraría tanto en esos detalles. Los enfoques, al igual que su ceguera, es algo que él no se toma demasiado en serio, es más, llega a bromear con lo que para nosotros sería un problema. En varias ocasiones se ha presentado simulando que puede ver, con lentes pintados de negro para enfatizar su mirada, usando un pequeño espejo para que la gente se fije en su propio reflejo y no en sus ojos. Con su fotografía Bavcar nos enseña algo más que el talento de una persona invidente, pone al descubierto la forma en que los modelos (y nosotros mismos) se enfrentan con su propia mirada, no la del autor.

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INTERNARTE
La vida y obra de Bavcar nos ha dado más que bellas fotografías; en 1991, la directora de cine Jocelyn Moorhouse filmó el largometraje “Proof”, en el que el protagonista es un fotógrafo ciego inspirado en Bavcar. Asimismo la novela The Magician’s Tale, de David Hunt, presenta a otro fotógrafo ciego; incluso un ejecutivo de Canon impulsó un proyecto para crear una asociación de fotógrafos ciegos.

Sobre su proceso Bavcar ha declarado:

“Cada foto que hago he de tenerla perfectamente ordenada en mi cabeza antes de disparar. Me llevo la cámara a la altura de la boca y de esa forma fotografío a las personas que estoy escuchando hablar. El autofoco me ayuda, pero sé valerme por mí mismo. Es sencillo. Las manos miden la distancia y lo demás lo hace el deseo de imagen que hay en mí.”

“Mi mirada existe gracias al simulacro de la foto que ha sido vista por el otro. La ausencia del ojo del fotógrafo acentúa la precariedad de ese instante irreversible que es la toma fotográfica, las personas retratadas no pueden mostrarse de la forma habitual porque falta esa complicidad con el fotógrafo que les confirma su narcisismo, si en mis fotos las personas parecen algo diferentes es porque se encuentran tanto frente al objetivo como frente a si mismas”

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