El fotógrafo de las letras

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Por Nancy Guadarrama Leal.

¿Qué es la fotografía?
Una declaración de amor a las letras.

El mundo de la literatura, además del trabajo propiamente literario, implica otras áreas del arte que de manera indirecta se acercan a ella. Las fotografías de escritores son un ejemplo de ello. Conocemos sus rostros en revistas, libros, periódicos y demás medios; sin embargo pocas veces nos preguntamos sobre quiénes son los encargados de capturar esos momentos.

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Si bien es cierto que muchas de las fotografías de los escritores fueron tomadas de manera espontánea, inclusive por sus propios contemporáneos, también es verdad que muchas otras fueron producto de alguna entrevista, idea, etcétera. Daniel Mordzinski es conocido como “el fotógrafo de los escritores” porque, precisamente, su obra se centra sobre todo en personajes del mundo de las letras y específicamente en autores latinoamericanos.

Argentino de nacimiento, comenzó su trabajo como fotoperiodista y, debido a sus ganas de ser escritor, tuvo la iniciativa de buscar a aquellos autores que le gustaría retratar. Con el paso del tiempo ha conseguido capturar con su cámara a autores como Borges, Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez, Umberto Eco, Bioy Casares, entre muchísimos más.

Su trabajo expone otro rostro de los escritores, que comúnmente se ven en poses o escenarios cliché. Mordzinski se atreve a jugar con ellos, a mostrarlos de manera diferente, en lugares familiares para ellos y desconocidas para todos (normalmente sus casas); captura instantes espontáneos (como cuando preparan café, a petición de él); usa reflejos, toma otros ángulos de sus caras y de sus cuerpos, etcétera. Sin embargo, lo anterior no los aleja del mundo literario: hay algo de divertido y letrado dentro de del trabajo del fotógrafo argentino.

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Tal vez la experiencia de cómo es que comenzó a dedicarse a retratar casi exclusivamente a escritores, es lo que vuelve a su trabajo mucho más entrañable: “Era muy joven, iba a inaugurar mi primera exposición en París y me di cuenta de que no tenía a nadie a quien invitar. Entonces pensé en un hombre que tenía mucho que ver
con que yo estuviera en esa ciudad. Crucé al correo, busqué la guía, A, B, C… Cortázar, Julio. Arranqué la página y me la llevé. Fui a un teléfono público, disqué, me atendió un contestador… corté. Llamé de nuevo. Y grabé: ‘Julio, me llamo Daniel. No soy nadie. No hice nunca nada. Pero mañana inauguro mi primera exposición’. Y vino.”

Da la impresión de que ese anhelo y sinceridad que mostró hacia Julio Cortázar están vigentes en sus fotografías, puede notarse en ellas un gusto y emoción que sólo son propias de aquel que sabe cómo hacer su trabajo y cómo disfrutarlo.

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