¿Qué es una obra de arte?

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Cuántas veces no hemos escuchado la frase “en gustos se rompen géneros”, y es que, cuando de gustos se trata hay mil variaciones y combinaciones posibles, hay a quienes nos gusta el color azul o negro, los días de sol o nublados, las pinturas de Kahlo o de Remedios Varo, pero ¿se puede pensar en un criterio del gusto para evaluar el arte? es natural en el hombre buscar un patrón del gusto, una regla por medio de la cual se puedan conciliar, confirmar o reprobar los gustos; David Hume, filósofo, economista, sociólogo e historiador escocés del siglo XVIII, se preguntó lo mismo en su ensayo “Sobre el patrón del gusto”, en el cual piensa las características de una buena obra de arte y del buen crítico de la misma.

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Antes de hablar del patrón del gusto, debemos saber que existe una diferencia entre el sentimiento y el juicio, dado que el sentimiento se expresa de algo particular mientras que el juicio lo es de lo general, todo sentimiento es correcto porque sólo hace referencia a sí mismo y siempre es real, nadie puede negar o decir que está mal mi gusto por el espagueti; pero es falso cuando digo que a TODO el mundo le gusta el espagueti. Lo mismo sucede con el arte, aún cuando la misma obra se presente a diferentes espectadores, esta cambiará dependiendo del contexto histórico, social y/o cultural pues no causará la misma impresión en todos los sujetos. Aunque es imposible negar que sólo la producción de aquellos a los que consideramos unos verdaderos genios ha perdurado a través del tiempo, digamos Homero, Miguel Ángel, etc. conforme más perduran sus obras y se difunden, más sincera es nuestra admiración hacia ellos.

Pero es justo aquí donde entra el criterio del gusto hacia una buena obra; pues desde nuestro origen algunas formas o cualidades particulares de las cosas están calculadas para gustar y otras para desagradar, es por esto que tenemos la capacidad de percibir la belleza (entendiendo lo “bello” no como una característica de las cosas mismas, sino como un consenso colectivo, pues cada mente percibe una belleza diferente), aunque sea cierto que la belleza y la fealdad no son propiedades de los objetos, sino que pertenecen por completo al sentimiento, debemos admitir que los objetos tienen ciertas cualidades dispuestas por la naturaleza para producir sentimientos particulares, en el caso de la belleza es el placer hacia la misma.

Pero, ya que cada individuo puede tener una percepción diferente de las cosas y aunque los principios del gusto sean universales, pocos son los autorizados para emitir juicios sobre las obras de arte o para establecer su propio sentimiento como patrón de la belleza, estas personas son los críticos, y al conjunto de juicios de los bueno críticos es a lo que Hume llama “Patrón del gusto”, las características que estimamos de ellos son un sentimiento delicado (juzgan distinguiendo los rasgos más finos que pasan desapercibidos y quedan ignorados de los objetos), que perciba con perfección (percibir con exactitud los más pequeños detalles, sin dejar que nada escape a su atención y observación), que lleve a cabo una práctica artística constante (pues sólo con la destreza y habilidad que da la ejecución de una práctica se pueden emitir juicios seguros y claros), que compare (antes de emitir juicios sobre cualquier obra es requisito indispensable que la examinemos más de una y desde distintos ángulos con atención y cuidado), que se encuentre libre de prejuicios (no debe dejar que nada caiga en su consideración salvo el objeto mismo que se somete a examen). La excelencia de las facultades que contribuye a mejorar la razón, la claridad al concebir, la exactitud al distinguir y vivacidad al aprehender, son esenciales para el buen funcionamiento del gusto verdadero.

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Si bien el texto fue escrito en el s. XVIII, me parece importante tomar en cuenta las características que Hume estimaba en un BUEN crítico, no para formar parte de este selecto grupo, más bien para adoptarlas y trasladarlas a nuestra práctica habitual (cualquiera que esta sea), para mejorarla y hacerla llegar a un mayor número de personas, porque, así como dice Hume “Únicamente el sentido fuerte, unido al sentimiento delicado, mejorado por la práctica, perfeccionado por la comparación y libre de todo prejuicio, puede otorgarle a alguien el valioso título de crítico; y el conjunto de los veredictos de tales críticos, donde quiera que se los encuentre, es el verdadero patrón del gusto y de la belleza”

FUENTES:

David Hume, Sobre el patrón del gusto en Cuatro disertaciones: Historia natural de la religión. De las pasiones. De la tragedia. Del criterio del gusto, Londres (1757). Incluido en Ensayos y Tratados de muchos asuntos

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