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Jonathan Harris y sus globos de Bután

Por Nancy Guadarrama Leal.

Quiero vivir una larga vida
en el monasterio.

Pocas veces nos ponemos a reflexionar sobre lo que es la felicidad, cuándo la experimentamos y por qué. Debido a la subjetividad del tema, cada una de las opiniones que se tengan al respecto es válida; sin embargo, resulta inquietante escuchar que hay un pequeño país cuyo mandato constitucional integra el Índice de Felicidad Nacional Bruta de su población: Bután.

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Al saber esto, Jonathan Harris, un fotógrafo estadounidense, se dirigió dicho país, al sur de Asia, con la intención de internarse en su filosofía y encontrar el lado más humano de la política constitucional. Su deseo era producir una serie fotográfica “desenfadada” sin quitarle su esencia, ya que en Bután el tema de la felicidad es realmente tomado con solemnidad.

El proyecto de Harris consistió en preguntar a 117 personas qué los hacía felices; cuál era su recuerdo más feliz, qué harían si fueran el rey de Bután, cuál era su nivel de felicidad del 1 al 10 y si tuvieran oportunidad de pedir un deseo cuál sería. Según lo que respondieran en la cuarta pregunta, infló una cantidad de globos para cada uno, dependiendo de su color favorito, y luego escribió en él el deseo del informante. Después de algunas fotografías individuales, los habitantes colgaron todos sus globos en una zona secreta de Bután, con la esperanza de que todos sus deseos se volvieran realidad.

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Las imágenes que obtuvo son conmovedoras. La sinceridad con la que los habitantes de Bután se expresaron dice más que sólo lo evidente; es una muestra de lo subjetiva que se vuelve la felicidad para cada uno de nosotros. El lenguaje de color de la serie Globos de Bután es de lo más reconocible en el trabajo de Harris, pues ayuda a que el espectador voltee a ver las fotografías que, podría pensarse, se limitarían a exponer de manera “seria” una realidad de Bután.

Cuando una fotografía se aleja de lo evidente y, por el contrario, expone aquello que nadie observa, habla por sí misma. Ahí radica la eficacia del trabajo de Jonathan Harris, un fotógrafo que, movido por el interés en un país ajeno, logra narrar el trasfondo de la realidad de una cultura en imágenes.

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