Liliana Porter, la vida detrás de los juguetes

Liliana Porter, la vida detrás de los juguetes. Todos en algún momento de nuestra vida tuvimos más de uno, durante la niñez les damos vida a estos objetos inanimados dotándolos de un valor sentimental. Para el niño los juguetes representan placer, educación, libertad, juegan por el mero hecho de hacerlo, sin perseguir alguna finalidad. En cambio, el adulto deja de jugar por darle prioridad a otras cosas, si jugar no nos aporta ningún beneficio, entonces dejemos de hacerlo. Hay una artista argentina que nos invita a volver la mirada hacia los juguetes y otros objetos inanimados, ya no para jugar, más bien para repensar problemas y circunstancias que nos vienen desde la niñez.

Liliana Porter (Argentina, 1941) estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Argentina y en la Universidad Iberoamericana en México. Es una artista multimedia que combina la pintura y la fotografía.

Una parte de su obra está basada en objetos que, a primera vista, parecen ser sólo juguetes, aunque también utiliza cualquier clase de objeto inanimado encontrado en tiendas de antigüedades y lugares raros. Entre los objetos que busca destacan saleros, lámparas, perfumeros, relojes, velas, alfileteros, cascanueces, ceniceros, platitos, portalápices, floreros, abrebotellas y demás.





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Porque la luz está apagada
y el espectador cree que no tiene testigo.

Utiliza estos objetos para armar lo que ella llama “situaciones”, formadas por un elenco variado que incluye figurines, animalitos o adornos (que intrigan a Porter por su misterio, pues ni son juguetes ni son útiles, pero son bonitos). Ella busca que los animalitos tengan una expresión de asombro, estas expresiones de desconcierto en ocasiones se vuelven el tema principal de la obra, sus personajes tienen en común su origen: la producción masiva y el carácter kitsch.

Al elegir a sus personajes, casi siempre lo hace pensando en que tengan un pasado. Estos actores se cruzan con otros que no corresponden a su tiempo, pero parece como si lograran comunicarse. En ocasiones sus personajes se muestran solos, es entonces cuando el espectador juega el papel de interlocutor, cómplice o espejo.

Más allá de los juguetes, lo que interesa a Liliana Porter es el problema de la representación que se sustituye por otra. El hecho de que parte de su obra esté constituida por objetos inanimados va más allá de sólo elegir objetos bonitos, su intención al recurrir a este y no a otro recurso es dejar en claro que éstos son nada más que apariencias, representaciones. Porter intenta que sus objetos agarren al espectador distraído para que se relacionen entre sí sin problema, como cuando éramos niños y sabíamos que todo era una representación, el peluche era un oso de verdad; con este proceso propone reactivar esta capacidad de relacionar los objetos con su representación.


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Sus personajes se encuentran en un pequeño mundo a escala que se asemeja a nuestra realidad en la que, a fin de cuentas, estamos solos, recordándonos que nuestra vida sucede en un lugar y con una duración determinada.

Es por eso que sus personajes se encuentran en escenarios vacíos (en la mayoría de los casos); cuanto más perfecto es el vacío en el que se encuentra el personaje y cuanto más pequeño es el objeto en relación con el fondo, más afecto provoca en el espectador, quien se ve obligado a detenerse, contemplar y acercarse para descubrir más detalles y crear un vínculo que lo lleva a la reflexión. Ambos mundos (el de los figurines y el nuestro) son diminutos, la pequeña figura del hombre contrasta con el espacio infinito y en este contraste surge una noción temporal que se vincula con lo finito y lo infinito.


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Liliana_Porter_concepto_ojitos azules

Liliana_Porter_concepto_pared


INTERNARTE:

Obviamente al juguete y a esos personajes, el sentido se lo tenemos que dar nosotros, los espectadores. Nosotros tenemos la capacidad de significarlos o de banalizarlos como un juguete. Un niño se relaciona con el juguete y no piensa, entra en el espacio virtual sin ningún problema, le da sentido, sentimiento y un montón de cosas sin cuestionar nada. A nosotros nos cuesta más. Sin embargo, eso es lo que pide la obra, que volvamos a esa mirada donde podemos relacionarnos con el objeto que está ahí enfrente.

Por Atziri Servin Pichardo.


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