La búsqueda de nuestra media naranja en la historia del arte

amor, platonico

Por Atziri Servin Pichardo.

Cuando nos enamoramos tenemos la sensación de que la vida es maravillosa, sentimos más y con mayor intensidad pues sentimos que hemos encontrado a nuestra alma gemela, nuestra “media naranja”; pero ¿cómo es que una persona puede llegar a completarnos tanto?

Podemos tomar como referencia El Banquete, en él se encuentra el “Mito del Andrógino”, en el que Platón nos cuenta cómo era antes la naturaleza humana y las modificaciones que ha sufrido, pues eran tres los diferentes sexos con los que contaban las personas, además del femenino y masculino había un tercero que participaba de ambos, el andrógino; la forma de cada persona era redonda, con la espalda y los costados en forma de círculo, tenían cuatro manos, cuatro pies y cuatro orejas, dos rostros en una sola cabeza y dos órganos sexuales. Eran también extraordinarios en fuerza y vigor, pero tenían un inmenso orgullo y, cómo es de esperarse, intentaron conspirar contra los dioses subiendo al cielo para atacarlos. Zeus y los demás dioses deliberaron sobre qué hacer con estos seres, no pudiendo matarlos (pues se acabarían las alabanzas) ni dejarlos igual de insolentes, decidieron cortarlos exactamente a la mitad.

amor, platonico

 

Una vez que llevaron a cabo esta labor surgió otro problema, ambas mitades se añoraban entre sí, deseosos por unirse de nuevo por completo, y siendo incapaces de lograrlo sólo con entrelazarse con sus brazos, morían de hambre por no querer hacer nada separados. Al ver esto, Zeus se compadece de ellos y traslada sus genitales hacia la parte delantera para que, por medio del sexo y la generación de unos y otros, pudieran volver a estar juntos aunque fuera por instantes.

Según Platón, es por esta razón que buscamos el amor, porque estamos incompletos y deseosos por buscar a esa persona que nos a complete, a nuestra mitad; y por esta misma razón el amor nunca podrá tener un fin, pues de encontrarse completo sería inútil seguirlo buscando, añorando, pues es el amor el que nos motiva a seguir, buscar, contemplar; para la poesía del Renacimiento, el amor no correspondido era el mayor impulso creador.

El filósofo, semiólogo y lingüista francés, Roland Barthes, diría en Fragmentos de un discurso amoroso que “El lenguaje es una piel. Yo froto mi lenguaje contra el otro. Mi lenguaje tiembla de deseo […] Hablar amorosamente es desvivirse sin término, sin crisis; es practicar una relación sin orga

smo”, y no porque esté hablando en términos fisiológicos, digamos que si el orgasmo es la culminación del amor, entonces el amor no puede tener sólo un orgasmo, pues siempre se encuentra inacabado, incompleto, si en algún momento el amor llega a un final es porque se ha terminado.

Es así que por medio del amor y la restauración de ambas partes intentamos hacernos uno solo con nuestra pareja para rencontrarnos con nuestra naturaleza humana. Cada uno de nosotros es la mitad de un símbolo[1] y, por esta razón, cada uno se encuentra buscando de manera constante siempre la mitad que antes le fue arrebatada.

platonismo, androgino

 

INTERNARTE:

[1] En la antigua Grecia, los “símbolos” eran una especie de medallas que, entre amigos, eran partidas por la mitad cuando estos se separaban, a su reencuentro el símbolo se reunía con su mitad.

REFERENCIAS:

1. Barthes, Roland, Fragmentos de un discurso amoroso, Siglo XXI, México, 1987

2. Platón, Banquete en Diálogos vol. 3, ed. Gredos, España, 2008

3. Platón, Banquete. Imagen de internet

4. El andrógino. Imagen de internet

Deja un comentario