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Redescubrir el mito

La palabra arte es muy resbaladiza… Yo trabajo por placer, por el placer del trabajo, y todo lo demás es asunto de los críticos.
MANUEL ÁLVAREZ BRAVO

¿Qué miramos cuando estamos frente a un mito? En efecto, vemos el halo de grandeza que desprende su figura, iluminada por los reflectores de la fama. Allí está el misterio inaccesible, la imagen canónica y, sobre todo, el conjunto de discursos, relatos y alabanzas que giran a su alrededor. Sin embargo muchas veces esa grandeza se vuelve lejanía, la mitificación de una figura nos distancia de ella, nos impide mirarla de frente.

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Dicho juego de enaltecer a un personaje es un juego de luces y sombras. Ilumina ciertos aspectos pero oscurece nuestra mirada ante otros. Esto ocurre frecuentemente cuando debemos acercarnos a algunos autores considerados clásicos; no los miramos cara a cara, preferimos observarlos a través de otros ojos, describirlos con palabras ajenas y repetir las frases que muchos otros han repetido.

Así ocurre con la obra de Manuel Álvarez Bravo, uno de los más grandes mitos de la fotografía en México (sino es que el mayor). Reverenciado por la crítica y los autores, su trabajo ha sido estudiado desde ópticas constantes: un fotógrafo de lo mexicano, un prodigio autodidacta… Estas líneas, repetidas de formas distintas, nos entregan una perspectiva constante de su obra. Sin embargo estas líneas no describen ni agotan su trabajo.

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La obra de Manuel Álvarez Bravo, ante todo, es un trabajo de asombro y el placer. Un gesto libre de la mirada que se deleita en las formas del mundo. El fotógrafo es como un niño que mira el mundo y juega con él. Así, mirar su trabajo debería ser un gesto que dialogue con esa libertad.

Por ello esta semana en Galería Fotocreativa, como una manera de conmemorar el nacimiento de este importante fotógrafo, los invitamos a redescubrir su trabajo, mirarlo con unos ojos libres de prejuicios y discursos y hallar es sus imágenes el mismo asombro que él encontraba en el mundo.

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