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Reunirse con uno mismo

Por Nancy Guadarrama Leal.

Si tuviera la oportunidad de volver
a conocer de nuevo, habría mucho
que quisiera preguntar y habría
mucho que quisiera contar

Cuántas veces nos hemos preguntado por qué tenemos la capacidad de recordar; quizá no es un acto consciente, pero temas como el paso del tiempo, la nostalgia por el pasado, la angustia por el futuro, la memoria, entre otros, forman parte de una serie de inquietudes humanas que nos han aquejado al menos un par de veces.

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En ese sentido, la fotografía juega un papel importante; ya impresa, es probablemente el objeto que materializa los recuerdos. No obstante, no es capaz de explicarnos los porqués del tiempo, pero sí es una suerte de memoria visual que ayuda a calmar nuestros grandes cuestionamientos. Ejemplo de ello es la serie “Imagine Finding Me”, de la fotógrafa Chino Otsuka, integrada por doce fotografías en las que aborda el tema de los recuerdos.

A través de edición digital, la fotógrafa consiguió unir en cada imagen un par de autorretratos que la mostraban en dos épocas distintas, aunque en los mismo espacios. Además del impecable trabajo de edición (ya que el montaje es imperceptible) la emotividad de las fotografías es lo que posee más valor.

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Algunos han criticado esta colección por considerarla egocéntrica, pero ésta se aleja de serlo. Más que ego, las fotografías están llenas de nostalgia; son el resultado de una concepción casi total de uno mismo. Digo casi total porque es evidente que faltaría mucho “futuro”, pero sí involucran un pasado y un presente que se materializa en una sola imagen.

En el campo literario, Jorge Luis Borges escribió un cuento muy peculiar, titulado “El otro”, en el que narra un encuentro consigo mismo. Una de las grandes inquietudes de Borges, y de las que está impregnada su literatura, es el tiempo. “El otro” surge como una representación de esta inquietud. Aunque parece una locura poder encontrarte contigo mismo, el cuento es tan verosímil que el lector no duda su posibilidad e incluso cree que puede sucederle. Posiblemente reaccionaríamos como Borges y el otro Borges: no daríamos crédito a lo que sucede y sin embargo, entablaríamos una conversación con nosotros mismos.

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La simple idea es atractiva, las cuestiones son: ¿qué nos preguntaríamos si tuviéramos la posibilidad de encontrarnos a cierta edad?, ¿nos atreveríamos, como Borges, a contarnos lo que sabemos que pasará?, ¿seríamos insistentes en que el otro nos creyera que somos el mismo?, ¿el otro yo lo soñaría y nosotros, el presente de nosotros, lo viviría en la realidad?, ¿o nosotros seríamos el otro y habríamos soñado con una fecha imposible?

Tanto la serie como el cuento hacen que su espectador realice una introspección, se autoanalice, rememore lo que fue y se percate de lo que es. Cuántos de nosotros no nos hemos imaginado de niños, cuántos no soñamos con vernos como seríamos en el futuro, saber qué vamos a ser.

En la obra de Otsuka, así como en el cuento de Borges, la coexistencia con uno mismo juega el eje principal; sus obras muestran sus inquietudes como artistas, pero sobre todo como humanos. En el imaginario del arte ya se puede ver a Otsuka conviviendo consigo misma en una imagen o a Borges diciéndose versos e Víctor Hugo.

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