Sección áurea en la fotografía

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Por Rebeca Ángeles.

Al observar una fotografía, inmediatamente sabemos si nos gusta o no. Esta primera lectura nos da un análisis subjetivo que va de acuerdo a nuestro gusto y percepción. Sin embargo, considerar “una buena fotografía” implica analizarla desde diferentes puntos de vista que involucren aspectos técnicos y estéticos.

Desde la perspectiva estética, la composición de una fotografía está determinada por su encuadre. El ojo tiene un extenso campo de visión, pero la cámara fotográfica sólo nos permite capturar una parte del todo en un espacio limitado que exige decidir lo que se incluirá o no en la toma. Esta composición es el resultado del ordenamiento de los elementos vistos dentro del encuadre.

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Las obras consideradas maestras presentan una cadena de proporciones afines entre sí. Existen diversos sistemas proporcionales que tienen el poder de unificar visualmente la multiplicidad de elementos clave de un diseño, logrando que todas las partes pertenezcan a la misma familia de proporciones.

Los sistemas matemáticos de proporcionalidad surgen del concepto pitagórico de que “todo es un número” y de la creencia de que ciertas relaciones numéricas reflejan la estructura armónica del universo. Destaca uno de estos sistemas proporcionales cuya vigencia desde la antigüedad hasta nuestros días ha jugado un papel importante, se trata de la proporción conocida como la sección áurea, también denominada sección de oro y/o divina proporción.

El primero en enunciar la existencia de la proporción áurea entre segmentos de una recta fue Euclides (300-265 a.C.). La sección áurea es la división armónica de un segmento en media y extrema razón. Es decir, que el segmento menor es al segmento mayor, como éste es a la totalidad. De esta manera, se establece una misma proporcionalidad entre el todo, el mayor y el menor. La sección áurea corresponde a la relación A/B; también puede ser expresada por el número que de ella resulta: 1.618, denominado “número de oro” y conocido actualmente por la letra griega Fi (?) en honor a Fideas, escultor de la antigua Grecia. Su valor se expresa según la siguiente fórmula:

? = (1+?5) / 2 ? 1,61803398874…

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Además de introducir asimetría, este número también produce continuidad al repetirse infinitamente. Cualquier progresión que se base en la sección áurea será al mismo tiempo aritmética y geométrica.

Ahora bien, al trazar un rectángulo áureo cuyas proporciones son 1/1.618, podremos construir una de las más bellas curvas matemáticas: la espiral logarítmica. Una manera de construir esta espiral por medio del rectángulo áureo es colocar un cuadrado en su interior Si subdividimos de nuevo el rectángulo obtenido según la razón áurea, obtendremos otro cuadrado y otro rectángulo de la misma proporción que el primero . Dicho rectángulo puede a su vez subdividirse en otro cuadrado y otro rectángulo. Este proceso puede realizarse hasta el infinito.

Si sucesivamente generamos cuadrados dentro de los rectángulos, trazando un arco a través de la diagonal de cada cuadrado, se obtiene la espiral áurea. Una propiedad interesante de esta espiral es, que sea cual fuere la diferencia de longitud entre dos segmentos de la curva, la forma se mantiene constante: la espiral nunca termina, se extiende infinitamente hacia el interior o el exterior, permaneciendo siempre semejante a sí misma.

Esta peculiar propiedad no la comparte con ninguna otra curva matemática y corresponde al principio biológico que rige el crecimiento de la concha del molusco. La relación de crecimiento constante constituye la esencia de la espiral y puede ser considerada como base de su definición. Es posible que éste sea el origen de la seducción que ejerce sobre la mirada humana al encontrarnos la sección áurea entre formas animales y vegetales, acercándonos a la naturaleza.

Si los elementos del encuadre que forman parte de la composición fotográfica coinciden con el trazo de este sistema de proporcionalidad, obtendremos imágenes que sean agradables a nuestro ojo. Un ejemplo es la obra de Henri Cartier-Bresson (1908-2004), padre del fotoreportaje, quien logra esta fuerza compositiva en cuantiosas imágenes empleando la sección áurea.

Bibliografía:

1. Lino Cabezas, Luis F. Ortega; Análisis gráfico y representación geométrica. España, Ediciones Universitat de Barcelona, 2001.

2. Francis D.K. Ching; Forma espacio y orden. Barcelona, G.G., 2006.

3. Carmen Bonell; La divina proporción, las formas geométricas. México, Alfaomega, 2000.

Referencias:

http://www.caballano.com (05/Junio/12 11:30pm)

http://fotorollo.wordpress.com (07/Junio/12 17:00pm)

http://www.escueladavinci.net (11/Junio/12 10:00pm)

http://theredlist.fr (13/Junio/12 10:00pm)

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