Sergio Larraín y el verdadero Don Corleone

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Por Paulina Rojas.

En 1959, Sergio Larraín, un fotógrafo chileno con poca fama, quería formar parte de Magnum Photos, y si has oído hablar de esta prestigiosa agencia fotográfica o leíste nuestro artículo sobre ella, sabrás que sólo pueden ser miembros los mejores fotógrafos del mundo.

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Henri Cartier-Bresson, uno de sus fundadores, estaba consciente del prestigio de Magnum y por ello le puso al fotógrafo chileno una condición para formar parte de la agencia, una de las misiones más peligrosas de la época: fotografiar al verdadero Don Corleone, Giuseppe Genco Russo, el capo de la Cosa Nostra. El sujeto que inspiró el personaje de la película y libro de Mario Puzo, El Padrino.

La Cosa Nostra es una sociedad secreta criminal que tuvo origen a mediados del siglo XIX en Sicilia, Italia. En esta mafia, cada barrio, ciudad o estado es dirigido por una “familia” en donde hay diferentes rangos, siendo el “capo di tutti i capi” el más poderoso de toda la mafia y el “don” el más importante de cada familia.

Era tanto el deseo de Larraín el de pertenecer a Magnum que aceptó el reto y se dirigió a Sicilia, Italia, en donde recorrió el territorio por tres mes sin obtener alguna fotografía de Don Giuseppe, y peor aún, sin saber siquiera su paradero, pues ninguna persona se atrevía a dar algún dato sobre el temido mafioso. Durante esos tres meses, Larraín capturó con su cámara Leica algunas fotografías de la isla.

Después de esos tres largos meses sin lograr su misión, finalmente, en un bar, un parroquiano le informó que Don Corleone vivía en Caltanissetta. Al saber tal información, Larraín partió a dicho lugar y se instaló frente a la vivienda del capo de la Cosa Nostra. Estando en ese lugar, empezó a capturar a su objetivo cual paparazzi, pero los resultados no lo convencían.

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Entonces decidió acercarse a la casa de Giuseppe Genco y logró burlar a su abogado y a sus guardias, argumentando que estaba interesado en las ruinas romanas. Una excusa bastante torpe quizás, pero que a fin de cuentas le otorgó a Larraín la oportunidad de acercarse al reconocido mafioso.

El fotógrafo chileno dejó pasar quince días conviviendo con él sin tomarle fotografías para ganarse su confianza y, finalmente, una noche en que lo habían invitado a cenar, Larraín estaba listo para llevar a cabo lo que lo había llevado hasta ese lugar.

Al terminar la cena, Larraín se dispuso a fotografiar toda la casa y al propio Giuseppe, quien se había retirado a tomar una siesta. Esta actitud pronto alertó a los guardias, quienes rápidamente le informaron del comportamiento sospechoso al jefe de la mafia. Este le preguntó por qué tomaba tantas fotografías, y una vez más, Larraín se libró excusando que sólo así podría seleccionar mejor las fotos al final del viaje.

El verdadero Don Corleone quedó más tranquilo con lo dicho por Larraín, e incluso decidió ponerse un traje y sombrero para posar ante la lente del fotógrafo. Así es como logró esta emblemática fotografía que, semanas después, sería la portada de diferentes editoriales alrededor del mundo, y que le otorgó al fotógrafo chileno el pase de entrada a la agencia Magnum Photos. Sergio Larraín logró salirse con la suya y burlar la seguridad del temido jefe de la mafia siciliana, Don Giuseppe Genco Russo.

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