Lo siniestro en el arte contemporáneo

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Por Atziri Servin Pichardo.

El miedo a que nos arranquen los ojos es quizá la metáfora más efectiva de lo siniestro

Cuántas veces nos ha pasado que una pieza u obra de arte contemporáneo nos perturba, no sabemos por qué pero nos incomoda, nos duele, algo nos pasa; será por lo que nos muestra (que muchas veces es difícil de explicar o entender a primera vista) o por la carga visual que tenemos enfrente, lo que sí podemos saber es que el arte contemporáneo intenta movernos algo más que el sentido del gusto, pretende llegar a un lugar más profundo, ya no se preocupa precisamente por agradar, más bien ahora procura llevarnos a otro tipo de reflexión.

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En el arte contemporáneo la realidad aparece de dos formas: presentada más allá del arte o más allá de la cultura; ambos movimientos suponen un alejamiento, el primero pretende bajar el arte de un nivel superior para situarlo en la vida cotidiana, y el segundo, bajarse del mundo real para penetrar en lo que hay más allá de las convenciones culturales. Es así que los artistas actuales ya no tienen la necesidad de crear mundos, más bien buscan regresar al espectador a la realidad: «queremos la verdad, queremos fascinación y sensaciones puras e infantiles, como las que uno experimenta en cualquier arte verdadero» (Lars von Trier y Thomas Vinterberg, Dogma 95).

Si se observan las prácticas artísticas contemporáneas (documentalismo, acción política, alejamiento de la ilusión) podríamos afirmar que nos encontramos en la era de un arte de la realidad que pretende alejarse del mundo bello al que antes pertenecía el arte para acercarse al mundo real con toda su problemática, un arte de la vida cotidiana que, basado en la experiencia, nos acerque a las cosas tal y como son; terminando una era de representación alejada de lo real e iniciando una etapa de acercamiento a las cosas como son (lo real).

Paul Ardenne (profesor de historia y crítico de arte) define este giro de acercamiento en el arte como “contextual”, como una serie de estrategias, prácticas y experiencias artísticas alejadas de la lógica tradicional e individual de la obra de arte que pretenden acercar lo máximo posible el arte a la realidad tal cual es, basándose en tres diferentes momentos: acción, interacción y participación.

Este tipo de artistas borran la línea que los separa del público e interactúan con éste, convirtiéndose en un actor social, eliminando la antigua concepción del artista como sujeto individual; trabajan la realidad para mostrarla, viviéndola, experimentándola y actuando dentro de ella de una manera distinta a la cotidiana, para enseñar, mostrar y experimentar otras formas de relacionarnos con nuestro contexto. Este juego de situarse entre junto al espectador el artista se basa en tres momentos: transgresión, reacción y aceptación; el artista transgrede, el espectador reacciona y el especialista/institución acepta.

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Cuando el espectador contempla este tipo de obras, su mirada se frustra e inquieta y produce un efecto de ceguera, ya que no se está seguro de lo que se está o no viendo, no se saber si conoce o no lo que allí se le presenta.

Este tipo de producción se conoce como “arte de la ceguera”, pues nos provoca una sensación de espanto que afecta a nuestras emociones conocidas y familiares; a esta reacción Freud la denomino “siniestro”; en otras palabras, lo siniestro sería lo familiar que nos es extraño, por esta razón nos perturba y nos angustia, porque recuerda algo que debiendo permanecer oculto ha salido a la luz.

En el arte contemporáneo, lo siniestro aparece como una alteración, reducción, ocultación; quita de la vista aquello que tendría que estar ahí. Para Freud hay un trauma a partir de que la mirada está ligada a la pérdida del objeto y a la angustia causada por no poder ver; así, mirar es perder; cuando lo que esperamos ver nos es quitado de la vista y llevado a otro lugar, el ojo (la mirada) se inquieta. Esta sensación es provocada a menudo por la contemplación de las obras de arte contemporáneas.

Todo lo anterior nos lleva a afirmar que el arte contemporáneo rodea lo real, trabajando bajo procedimientos de lo siniestro (mostrando al tiempo que oculta), como lugar de emergencia de lo real, siendo un medio efectivo para llevarnos muy cerca de lo real, consugue inquietarnos, tambalearnos.

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