The Bling Ring: cine, consumismo y cultura

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Por Carmen Ángeles.

Para entender a la sociedad actual, se debe saber que los vínculos humanos están mediados por el consumo. Sin embargo no siempre fue así, fue desde la Revolución Industrial, pero en realidad fue poco después de la Segunda Guerra Mundial. Como un plan para hacer crecer la economía de Estados Unidos se hizo del consumo una forma de vida.

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Para ser reconocido en la sociedad actual se debe caer en las tentaciones del mercado. Esto ha sido ya analizado por un gran número de teóricos y filósofos como: Jean Baudrillard, quien afirma que “La sociedad de consumo aparece como una manifestación pletórica de signos, como un sistema cuya incoherencia nace de la frustración que engendra el propio sistema.”

O como Zygmunt Bauman, quien afirma que, en la nueva estética del consumo, las clases que concentran las riquezas pasan a ser objetos de adoración y los “nuevos pobres” son aquellos incapaces de acceder las novedades del sistema capitalista. Para alcanzar los placeres de una vida normal, se necesita dinero, y los pobres se encuentran ante un escenario de consumo rapaz y con la incapacidad de solventar los estándares del consumo: “Nada calmará el dolor de la inferioridad evidente.”

El verdadero problema es que, cuanto más elevada sea la demanda del consumidor, más segura y prospera será la sociedad de consumo, y esto agranda la brecha entre los ricos y los pobres.

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En el cine hay muchas películas que retratan y critican esta situación y que hacen evidente la creación de necesidades artificiales en los adolescentes, las cuales los hacen consumir sin medida. Recientemente, hubo una cinta en cartelera que retrataba esta realidad: The Bling Ring (2013), de Sofía Coppola, basada en un artículo de Vanity Fair y protagonizada por Katie Chang, Israel Broussard, Emma Watson y Taissa Farmig.

En ella vemos a un grupo de jóvenes con la presión constante de ser alguien más; obsesionados con las celebridades y su estilo de vida. Dicha obsesión los lleva, por pura diversión y con la ayuda de internet, a meterse en las casas de diversos artistas y llevarse “souvenirs”. Posiblemente la policía de hubiera tardado más en descubrirlos si no hubieran subido a Facebook fotos con sus trofeos.

La cineasta hace esta película como un falso documental, o más bien como si fuera un reality show, de modo que sólo muestra los hechos y nos deja la opción de hacer nuestros propios juicios y conclusiones. Al igual que en cualquier reality, Coppola expone una serie de hechos y no analiza sus posibles causas o consecuencias y tampoco juzga a los personajes.

Debido a esta neutralidad, cuando la cinta se presentó en el festival de Cannes, en la sección “Una cierta mirada”, la crítica la calificó como superficial, porque la directora eligió no mostrar el trasfondo de los hechos que presentaba. Pero es precisamente aquí donde reside el gran acierto de The Bling Ring.

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