Lo kitsch de los turistas revelado por Martin Parr

martin, parr, bronceado

Por Atziri Servin Pichardo

Los viajes son mi vida tanto como la fotografía.

La palabra kitsch puede aplicarse al arte, a sucesos o a personas, dependiendo de ciertas características, las más conocidas son el mal gusto y el uso popular. Esta categoría, aunque parezca de mal gusto, adquiere una valoración positiva cuando se le considera arte. Tal vez se pregunten cómo las personas pueden convertirse en objetos del kitsch, pues hay un artista que ha dedicado gran parte de su trabajo a fotografiar a todas aquellas personas en situaciones muy populares e inclusive de mal gusto.

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Martin Parr (1952) creció en Surrey, un pequeño y tranquilo pueblo de Reino Unido. Cuando tenía 14 años, su abuelo George Parr (miembro de la Royal Photographic Society) lo acercó a la fotografía al darle su primera cámara y enseñarlo a revelar, desde entonces Parr coleccionaba fotografías, fósiles y sellos, este rasgo de su personalidad lo ha mantenido a lo largo de su obra artística, pues sigue juntando instantes y las personas que le llaman la atención.

Estudió fotografía en la Escuela Politécnica de Manchester (1970-1973); luego de salir de la Universidad se dedicó a documentar el deterioro social y el estilo de vida de su país, hasta que, en 1994, ingresó a la agencia Magnum, con apenas 66% de los votos requeridos (hecho que disgustó a Henri Cartier-Bresson, quien no lo consideraba del mismo planeta).

En 2004 fue nombrado profesor de fotografía en la Universidad de Gales, en 2006 y 2008 recibió el premio Erich Salomon y Photo España Baume, respectivamente.

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Parr gusta de fotografiar la excentricidad que caracteriza a los ingleses, y uno de los personajes más kitsch que ha podido encontrar en su país es el turista. Todos somos turistas en algún momento de nuestra vida y uno de los objetos de culto al desempeñar este papel son los souvenirs y las fotografías, tan es así que durante un viaje gastamos más tiempo en encontrar la toma perfecta, esa imagen que de fe de que estuvimos ahí, que en disfrutar del paisaje y de nuestra estancia en cierto lugar. Pantalones cortos, sandalias, calcetas blancas, un gorro y la cámara al cuello es el uniforme que distingue al turista, quien nos muestra los lugares desde otra perspectiva.

Si bien las fotografías de Parr suelen ser bastante divertidas, para él son una muestra de la decadencia de la humanidad. Es interesante ver el comportamiento humano, pero no se puede evitar pensar que el mundo va en picada, pues cada vez somos más, y cada vez estamos perdiendo más el control. El hecho de mostrar esta cara de la sociedad en la que él vive ha generado mucha controversia. A Parr aún le sorprende que las personas encuentren su trabajo provocativo. En una sociedad donde abundan las imágenes de guerra y muerte, sin que éstas representen mayor problema, ver la forma en que nos desenvolvemos en cuestiones cotidianas como las vacaciones o la iglesia nos molesta e incomoda.

Parr se acerca a la fotografía como documento social por medio de la ironía y sentido del humor (aún cuando él mismo se considera una persona aburrida). Para él esta forma de abordar el estilo de vida de la gente común que vive en Inglaterra es un modo de salvarse del ridículo y la decadencia de lo cotidiano; es además una forma de rebeldía ante el aburrimiento que sentía en su pueblo natal de joven, lo que le sirvió de motivo para encontrar cosas más interesantes en otros lugares.

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“Está todo ahí. No tuve mucho que elegir la verdad. Era lo que veía, para mí es muy obvio. Desde niño me interesó la sociedad, no soy un psicólogo para decirte por qué, pero siempre estuve fascinado por el mundo y lo quería fotografiar. La gente y la vida es muy divertida.”

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