Del dolor en las imágenes

gaza, victimas

Debemos permitir que las imágenes atroces nos persigan
SUSAN SONTAG

Hace unos días llegó a nuestro país la exposición de los ganadores del World Press Photo 2014, el mayor y más prestigioso concurso de fotografía de prensa. Como en otras ediciones, en él se realiza un recuento visual del acontecer periodístico internacional e, inevitablemente, las imágenes de guerra, sufrimiento y tragedia se hacen presentes.

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No es de extrañar, vivimos en un mundo violento y la fotografía lo corrobora. La imagen acompaña el acontecimiento para atestiguar lo que ocurrió y, en ese sentido, esa imagen es más que un objeto de contemplación, es la huella de una realidad que prevalece y que nos implica. Para una generación escéptica, que ha crecido aprendiendo a ver para creer, sólo cuando hay fotografía la guerra se vuelve real y se hace visible.

Sin embargo, hay que ser críticos ante la imagen. Es ingenuo pensar que lo que las fotografías de prensa nos muestran (por más que se reguarde su veracidad) es lo único que existe, y más aún creer que en ellas se nos revela el hecho puro, libre de segundas intenciones e interpretaciones.

La imagen, además de ser un objeto e comunicación, se ha convertido en una mercancía y la búsqueda de imágenes dramáticas es también un negocio. De este modo, muchas veces no es la intención original del fotógrafo la que determina el mensaje que transmiten las imágenes; son los medios quienes guían la atención del público utilizando la fotografía a su antojo y convirtiendo la conmoción en la principal fuente de valor.

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No obstante, el hecho de que siempre exista más de una intención en una imagen y que muchas veces está se utilice para transmitir una postura ideológica o política no anula la realidad del dolor. Los sufrimientos causados por las barbaries humanas son reales y deben ser representados

A principios del mes de agosto, se desató en Facebook una polémica* al respecto entre los fotógrafos Témoris Grecko y Pedro Meyer. La discusión surgió cuando éste último comentó en su muro una publicación en la que se denunciaba un uso sesgado por parte del New York Times de las imágenes del conflicto palestino-israelí, mostrando únicamente víctimas palestinas.

En su comentario, Meyer hacía declaraciones muy fuertes en las que manifestaba su apoyo a Israel y sus políticas de “seguridad”, al tiempo que denunciaba un uso tendencioso de la información y declaraba: “si Hamás está siendo, no sólo cruel, sino perversa, usando a sus niños y a gente inocente para avanzar en su agenda, yo digo, ¡SUFRAN LAS CONSECUENCIAS!”

gaza, niñas

Ante estas declaraciones Témoris Grecko respondió poniendo sobre la mesa distintos puntos de discusión: a) la existencia de una guerra de información en la que no sólo Palestina sino también Israel y los medios externos imponen su propia censura a la información que se genera y transmite; b) la capacidad de los reporteros de hablar con verdad en estas condiciones y c) la importancia de dar voz al dolor de las personas por encima de las ideología declarando:

“Esto es más grande que Israel y Gaza. Esto se trata de qué ha aprendido la humanidad sobre su propia tendencia a la locura, y cómo necesita controlarla. Se trata de gente perdiendo su propio sentido de humanidad y pensando que alguien más merece morir, y además morir de manera terrible. Sobre gente desensibilizándose y encontrando justificaciones para ello.”

El tema es complejo e invita a que seamos más reflexivos. ¿Cómo mirar, representar y reconocer el dolor de los demás? Podemos decidir no mirarlo o no sentir y podemos buscar un culpable, pero no debemos perder de vista el costo humano que implica. Es fundamental no ser insensibles ante las imágenes del dolor y recordar que, por más que sean utilizadas por grupos en el poder para transmitir un mensaje político, ellas han surgido del sufrimiento de seres reales. Nosotros, los espectadores, tenemos la opción de elegir cómo mirarlas o incluso, si lo deseamos, de ignorarlas, pero debemos ser conscientes de que las personas que en ellas aparecen existen y no pueden elegir estar en ellas o no.

Del mismo modo, tampoco debemos permitir que el dolor y la empatía que las imágenes nos generan se vuelvan irreflexivos. No se trata simplemente de dejearse conmover por lo que vemos; es necesario mirar también a partir de la información y el conocimiento. Hay muchas maneras de contemplar una imagen y son muchos los mensajes que la atraviezan. Mantengámonos crítcos e informados para que la forma en que elegimos mirar sea lo menos sesgada posible.

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*Si deseas leer más acerca de la polémica visita: http://cuadernosdobleraya.com/2014/08/06/respuesta-de-temoris/

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