El retrato: una imagen inaccesible

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Por Rebeca Ángeles.

La necesidad universal de retener en la memoria a nuestros seres queridos más allá de la muerte es una costumbre antigua que busca obtener el registro visual de su existencia, con la intención de que perdure generación tras generación. Desde la antigüedad, el retrato se realizaba a través de representaciones gráficas como la escultura y la pintura. Faraones egipcios, emperadores chinos y romanos se hacían retratar en piedra. Posteriormente, la aristocracia europea, así como la gente que podía pagarlo, encargaban sus retratos a un pintor.

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Durante miles de años, el retrato pictórico y escultórico han servido para conservar la imagen de lo que el ojo ve. La idea de realizarlo por medios mecánicos surgió hasta el siglo XVIII con el uso de la cámara oscura. Los primeros experimentos se realizaron con placas de metal, bañadas en diversas soluciones de plata. Estas sustancias se descomponían lentamente al quedar expuestas a la luz. Una placa tratada de esta manera, colocada en una caja oscura frente a una escena, reproducía gradualmente la imagen en la placa.

La primera tecnología fotográfica aplicada para el retrato fue el daguerrotipo. Fue creado por el francés Louis-Jacques Daguerre en 1839. Con esta técnica, las imágenes se fijaban con vapor de mercurio sobre metal con tal claridad, que alguna vez se les llamó “espejos con memoria”. La mayoría de los daguerrotipistas producían retratos comunes y corrientes sin ninguna originalidad, manteniendo así la innegable rigidez del individuo en fondos vacíos que sugerían un espacio artificial o de laboratorio fotográfico. Incluso hasta el daguerrotipo más rudimentario revelaba que la persona ahí mostrada era única y requería de la representación “real” que la fotografía quería ofrecer.

En 1841, William Fox presentó el calotipo. Este procedimiento es el primero en generar una imagen en negativo sobre papel, desde la cual se podían efectuar innumerables copias positivas, una clara ventaja sobre el proceso del daguerrotipo, que sólo producía un positivo original de cada exposición; además permitía economizar, ya que el papel resultaba más barato que el metal. Los calotipos eran, sin embargo, menos nítidos que los daguerrotipos, generando como resultado rostros indistinguibles entre un individuo y otro.

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A principios del siglo XX, el pintor David Octavius Hill y el fotógrafo Robert Adamson aprovecharon que el calotipo describía más por efectos tonales que por sus detalles y decidieron dar un aspecto artístico a sus imágenes, proponiendo también un contexto social, al trasladar al individuo de un fondo vacío hacia uno ocupado por otros sujetos.

Un formato que conquistó la imaginación del público y que convirtió la fotografía en un medio de difusión masiva fue la tarjeta de visita, ideada en París en la década de 1850. Se trataba de una pequeña tarjeta de presentación que incluía la fotografía de su propietario. Su uso se popularizó rápidamente debido a su bajo costo. El éxito fue tal que se construyeron cámaras especiales para hacerlas e incluso se implementó el ferrotipo, imitación barata del daguerrotipo.

Con el paso del tiempo, las nuevas tecnologías del negativo de vidrio y la utilización del papel de albúmina posibilitaron la amplia difusión de la fotografía, haciéndola comercial gracias a su costo cada vez más reducido. La historia convencional afirma que la fotografía se inventó para satisfacer la demanda de retratos baratos en una creciente clase media. Así, la tarjeta de visita fue una de las prácticas que definían a la nueva burguesía.

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La amplia disponibilidad de retratos de bajo costo concedió al individuo una vida distinta de su presencia física en la sociedad, formando un retrato colectivo de esa clase. La tarjeta fotográfica entregó a mucha gente el poder simbólico de manipular a las personas por medio de sus imágenes, un dominio que durante siglos se había reservado a las clases sociales que podían pagar los altos costos de retratos producidos por las artes gráficas tradicionales como la pintura y la escultura.

La llegada de la fotografía permitió que el retrato se tornara accesible para la clase media, debido a su reducido costo y la posibilidad de una producción múltiple. En la actualidad, los retratos de familiares y amigos se exhiben en casi todos los hogares. Desde el punto de vista del cliente, la fotografía es una forma realista, rápida y barata de hacerse un retrato. Pero, ¿basta con la descripción meramente física?

Bibliografía:

1. Rostros del mundo. Los mejores retratos de National Geographic. Italia, 2004.
2. John Pultz. La fotografía y el cuerpo. España, Ediciones Akal, 2003.
3. Michael Freeman. El estilo en la fotografía, H. Blume edicionesEspaña, 1984.
4. Faustino Oncina, M. Elena Centenario. Estética de la memoria, Universitat de Valencia, 2011.

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