Miradas desde el kitsch, inadecuaciones culturales

kitsch, habitacion

En la actual organización de la sociedad,
sólo lo kitsch puede tener una razón social de ser
HAROLD RORENBERG

De niña me encantaba mirar la vitrina de curiosidades de mi madre, ese universo capturado en el que las imágenes de nuestros antepasados convivían con las muñequitas de porcelana, la reproducción a pilas de un reloj antiguo y el juego de copas que mi bisabuela había “heredado” de alguno de sus patrones. Detrás del cristal, esos tesoros apilados, que poco tenían que ver unos con otros, se convirtieron en parte de mi formación estética, mi primera aproximación a una experiencia plástica fue el kitsch.

kitsch, habitacion

Sospecho que no soy la única en esa situación. Pocos son los que tienen la posibilidad de crecer rodeados de “alta cultura”. En contraste, el kitsch está todas partes: en internet, en la publicidad callejera, en nuestra forma de vestir y en la decoración de casi todas nuestras casas. Surgido en Alemania, en la segunda mitad del siglo XIX, este hijo incómodo de la modernidad llegó para quedarse.

Hay quienes afirman que el término proviene de la palabra inglesa sketch “diseño” o “esbozo”, otros dicen que su origen es el término verkitschen, que en dialecto mecklenburgués significa “fabricar barato” y también se afirma que surgió del verbo kitschen, que significa “recoger basura de la calle”. Inacabado, barato y callejero, el kitsch se asocia al desarrollo del consumo masivo y a un proceso de democratización de la cultura y el arte.

Es un signo indiscutible de modernización. Su nacimiento se da en un momento en que el arte comienza a convertirse en un producto de consumo, distribuido a partir de la ley de la oferta y la demanda. Así, la cantidad de consumidores aumenta, pero sus exigencias en calidad disminuyen. Esto genera la necesidad de crear mayor cantidad de “arte” consumible, pero con menor cuidado y a bajo costo.

kitsch, objetos

Surgen entonces las imitaciones, las copias y las reproducciones de piezas y estilos consagrados. Por ello, hay quienes afirman que el kitsch es una forma estética de mentir, de generar efectos baratos y sentimentales a cambio de un mínimo esfuerzo.

Pese al rechazo que pudiera generar este concepto, en la actualidad no podemos escapar del kitsch; como actitud, forma parte constante de nuestra vida cotidiana y, como concepto, nos ayuda a comprender las formas de la cultura y el arte contemporáneos, pues, si bien es una inadecuación estética, el arte y la cultura actuales están llenos de inadecuaciones. Por ello esta semana en Galería Fotocreativa les presentamos algunos fotógrafos que retoman esta estética para hacer una crítica de la sociedad actual, o simplemente para regodearse en su caótica excentricidad. Esperamos que los hagan reflexionar.

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