Humano demasiado humano: modelos y fotógrafos

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Por Sergio Trejo.

La fotografía es más que un medio para la comunicación efectiva de ideas. Es un arte creativo.

Ansel Adams

Fotografiar un modelo o una estrella cinematográfica no es cosa de todos los días, pero el aficionado que tenga ocasión de trabajar con ellos comprobará en el acto la facilidad con la que posan ante el objetivo y como saben sacar provecho de su lado más fotogénico. Lo mismo puede decirse de las modelos de agencia de publicidad, que salen siempre muy favorecidas en las fotografías. Pero no todo el mundo es estrella ni maniquí y, naturalmente, no tiene por qué serlo.

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Para el aficionado que quiere lograr buenos retratos conviene, ante todo, conocer bien al modelo, estudiarlo y comprenderlo. Hay gente a quien no le gusta que lo retraten. Hay quien siente cierto temor, o una franca reticencia frente al objetivo o cámara fotográfica. La razón principal de este comportamiento es muy sencilla: el modelo tiene la impresión de que al fin va a verse como los demás lo ven, y esto basta para despertar en él una sensación de pánico. De ahí que sea muy importante no convertir una sesión fotográfica en un calvario.

Muchas mujeres se hallan siempre en guardia y rehusan contemplar un objetivo, pues están convencidas de que este fatídico ojo de cristal sólo trata de descubrir sus más pequeños defectos físicos.

Por ello el fotógrafo debe hallarse completamente relajado, sin mostrar nerviosismo, y debe dar prueba de su temple si desea ganar la confianza de su modelo. No estará de más que inicie una conversación sobre algún tema capaz de interesarle. Así, al mismo tiempo que tranquiliza al modelo, el fotógrafo tendrá ocasión de estudiar sus expresiones faciales y de analizar algún gesto particular que lo caracterice.

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Retrato de Jennifer Connelly.

Puede recurrir también a pequeños trucos de distracción o relajación para crear un ambiente de más confianza. En resumen, se trata de hacer que se disipe la tensión de su rostro por todos los medios posibles.

Lo más importante es que el fotógrafo debe emplear cierta astucia y saber manejar con cierta gracia el arte del halago, sin caer en la exageración. Al fotógrafo que practica el retrato jamás debería oírsele decir: “No se mueva “, “ quédese así “, “ sonría “. El tiempo de exposición dura sólo una facción de segundos y gracias a esta celeridad el fotógrafo consigue retener esta expresión fugaz y encantadora, este “no sé qué” característico que personaliza al modelo. No hay que regatear las tomas, cuantas más fotos, más oportunidades de acierto.

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